Y es que hay días que lo único que te apetece es llorar, y llorar, y llorar. Te sientes solo y abandonado; recuerdas todas las cosas malas que te han pasado, y mientras lloras lo único que te apetece es acabar con todo de una vez.
Y cuando ya no te quedan más lágrimas, te tumbas en la cama con la cabeza pegada en la almohada, pensando que pintas en este mundo hasta que te das cuenta de que nada.
Pero de repente te llaman, te preguntan que te pasa que no has salido, se lo cuentas y te explican que pintas tu en este mundo, y en ese momento te das cuenta de que no tienen razón pero que gracias a ellos eres como eres y eres feliz casi todos los días(:
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